¿Puede una sesión de ejercicio intenso “prepararnos”para enfrentar mejor el estrés?

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Autoría: Dr. Francisco Javier Cruz Aviña. Psiquiatría de enlace. Terapeuta cognitivo conductual

Un experimento sugiere que la intensidad del ejercicio modifica la respuesta neuroendocrina a un estresor que ocurre poco después.

Sabemos que el ejercicio regular se asocia con una mejor regulación del estrés, pero una pregunta menos explorada es si una sola sesión de ejercicio puede modificar nuestra respuesta fisiológica ante un evento estresante que ocurre poco después. Un estudio publicado en Psychoneuroendocrinology ofrece una respuesta particularmente interesante: parece que sí, y la intensidad importa.

Caplin y colaboradores estudiaron a 83 hombres jóvenes y sanos, quienes fueron asignados aleatoriamente a realizar 30 minutos de ejercicio aeróbico en caminadora a intensidad ligera, moderada o vigorosa. Cuarenta y cinco minutos después fueron expuestos al Trier Social Stress Test (TSST), un paradigma experimental que combina hablar en público y realizar cálculos frente a evaluadores y que produce una activación consistente del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. A lo largo del experimento se realizaron mediciones seriadas de cortisol salival.

El resultado central fue claro: cuanto mayor había sido la intensidad del ejercicio, menor era la respuesta posterior de cortisol al estresor. El efecto fue particularmente evidente después del ejercicio vigoroso -aproximadamente 70% de la reserva de frecuencia cardiaca-: estos participantes presentaron una elevación más lenta del cortisol, un pico menor y una recuperación más rápida que quienes habían realizado ejercicio ligero o moderado.

Figura 1. Trayectorias de cortisol salival durante el ejercicio y tras el TSST según intensidad. La respuesta posterior al estresor es menor en el grupo de ejercicio vigoroso.

Lo más interesante quizá sea el mecanismo propuesto. El ejercicio vigoroso, lejos de “relajar” inmediatamente al eje HPA, produjo inicialmente una mayor liberación de cortisol. Sin embargo, quienes mostraban una mayor respuesta de cortisol al ejercicio tendían posteriormente a presentar una respuesta más atenuada al estrés psicosocial. Los autores proponen un fenómeno de adaptación cruzada entre estresores: la activación previa del eje HPA por el ejercicio favorecería la retroalimentación negativa glucocorticoide y limitaría la magnitud de una segunda respuesta ocurrida poco después.

Esto cambia ligeramente la manera intuitiva de pensar el efecto “antiestrés” del ejercicio. El beneficio agudo no necesariamente implicaría evitar la activación fisiológica, sino inducir una activación controlada que modifique la respuesta ante el siguiente desafío.

Conviene, sin embargo, no convertir un hallazgo fisiológico en una recomendación clínica prematura. El estudio incluyó únicamente hombres jóvenes, sanos y moderadamente activos; evaluó cortisol, no desenlaces psiquiátricos, y no tuvo potencia suficiente para demostrar formalmente que el cortisol inducido por el ejercicio mediara el efecto observado.

PARA LLEVAR  Treinta minutos de ejercicio aeróbico vigoroso, realizados 45 minutos antes de un estresor psicosocial, se asociaron con una respuesta posterior del eje HPA más atenuada y una recuperación más rápida. El hallazgo es fisiológicamente atractivo, pero todavía no equivale a una recomendación terapéutica específica.

Referencia

Caplin A, Chen FS, Beauchamp MR, Puterman E. The effects of exercise intensity on the cortisol response to a subsequent acute psychosocial stressor. Psychoneuroendocrinology. 2021;131:105336. doi:10.1016/j.psyneuen.2021.105336.

Figura reproducida del artículo original (Fig. 2), publicado bajo licencia CC BY-NC-ND 4.0.

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