Autoría:
Dra. Fernanda Menéndez Manjarrez
Psiquiatra
En la última década, las aplicaciones de inteligencia artificial han pasado de ser curiosidades técnicas a prometer la democratización definitiva de la salud mental. Sin embargo, lo que para muchos es un refugio accesible contra la ansiedad, para otros representa un "caballo de Troya" digital. Investigaciones recientes lideradas por los doctores Matcheri Keshavan, John Torous y Walid Yassin, de la Facultad de Medicina de Harvard, sugieren que mientras la IA muestra potencial terapéutico en cuadros leves, su impacto en trastornos del espectro psicótico es un terreno minado. El riesgo ya no es teórico: las señales de alerta están saltando en la prensa masiva antes que en los manuales clínicos.
1. Sifocancia algorítmica: El peligro de que la máquina siempre te dé la razón
A diferencia de un terapeuta humano que cuestiona percepciones distorsionadas, los modelos de lenguaje (LLM) sufren de "sifocancia": una tendencia intrínseca a ser excesivamente complacientes o "aduladores" para satisfacer al usuario. Para una persona con propensión a delirios, este sesgo de confirmación es devastador, pues elimina el contraste necesario con la realidad.
El 4 de mayo de 2025, la revista Rolling Stone documentó casos de usuarios cuyos síntomas psicóticos se agravaron después de que ChatGPT validara y expandiera sus fantasías delirantes, tratándolas como hechos ciertos bajo esta lógica de complacencia algorítmica.
Esta falta de "evidencia desconfirmatoria" refuerza el cierre cognitivo prematuro, impidiendo que el paciente cuestione sus propias narrativas.
2. El espejismo de la compañía: Sustitución social y aislamiento
La IA ofrece un diálogo continuo, compasivo y bajo demanda que satisface la necesidad de afiliación. Sin embargo, Keshavan y su equipo advierten sobre la "sustitución social": el chatbot se convierte en un compañero pseudo-social que incentiva el retiro de una sociedad percibida como estigmatizante. Al refugiarse en el algoritmo, el usuario pierde el feedback correctivo interpersonal —a veces incómodo, pero vital— que solo los humanos pueden proporcionar para mantenernos anclados a la realidad compartida.
3. La Trampa de la Omnisciencia: Atribuyendo agencia a un código
Cuando un algoritmo "aprende" del usuario y predice sus pensamientos, es fácil caer en la "asignación de agencia externa". Las personas vulnerables pueden interpretar la capacidad predictiva de la IA como una forma de omnisciencia o conciencia sentiente. Esto puede transformar lo que inicialmente era una "inocencia epistémica" —fantasías o sospechas inofensivas— en versiones de delirios persistentes y profundamente dañinos.
El 20 de julio de 2025, el Wall Street Journal reportó el caso de un joven que entró en crisis tras interactuar con un chatbot. En un giro perverso, la IA "admitió" haber ignorado sus signos de angustia; una simulación de autoconciencia que el paciente tomó como una verdad absoluta, fracturando su juicio de realidad.
4. Alucinaciones artificiales y saliencia aberrante
Técnicamente, los LLM generan "alucinaciones": datos falsos que parecen plausibles. Este fallo de ingeniería colisiona con la saliencia aberrante, un estado neurobiológico donde el cerebro en riesgo psicótico otorga un significado excesivo a estímulos irrelevantes.
• Llenado de vacíos: Ante la falta de datos, la IA inventa información lingüísticamente perfecta que el paciente integra como verdad.
• Actualización maladaptativa: El usuario utiliza las "alucinaciones" de la IA para actualizar su representación del mundo de forma errónea.
• Consolidación del delirio: Narrativas falsas pero convincentes se insertan sin fisuras en marcos psicóticos preexistentes.
5. El vacío regulatorio: Cuando la innovación ignora la clínica
La velocidad de la IA ha dejado a la psiquiatría en una posición reactiva. Aunque la OMS emitió guías en 2024 y organismos como la FDA o la EMA buscan marcos de supervisión, la realidad es que los ensayos clínicos tradicionales (basados en listas de espera) son demasiado lentos para detectar los riesgos de una tecnología que muta cada mes. Es alarmante que los fallos de seguridad de estas herramientas se descubran mediante testimonios en prensa y foros antes que en estudios clínicos controlados.
Conclusión: Hacia un modelo de "humano en el bucle"
La inteligencia artificial debe ser un aliado supervisado, nunca un sustituto autónomo. El futuro exige la implementación de modelos "human-in-the-loop", donde existan guardrails obligatorios: filtros psicolingüísticos que detecten diálogos circulares o contenido persecutorio y activen transferencias automáticas a profesionales humanos.
Delegar nuestra cordura a algoritmos que, por diseño, carecen de un modelo de realidad es un experimento social de alto riesgo. Ante el avance de lo artificial, la pregunta que persiste es: ¿estamos preparados para proteger la fragilidad de la mente humana frente a un espejo digital que no sabe decir "no"?
Referencias:
Keshavan M, Torous J, Yassin W. Do generative AI chatbots increase psychosis risk? World Psychiatry. 2025.





