Autoría: Dra. Monserrat De León García (Residente de Psiquiatría)
El sueño constituye un proceso biológico esencial para el mantenimiento de la salud física y mental. Durante el descanso nocturno se llevan a cabo funciones fundamentales, como la consolidación de la memoria, la regulación emocional, la modulación del sistema inmunológico y el equilibrio metabólico. Diversos estudios han demostrado que la privación o la mala calidad del sueño incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, deterioro cognitivo, trastornos del estado de ánimo y una disminución significativa en la calidad de vida.
Por ello, mejorar el sueño representa un objetivo terapéutico relevante en múltiples enfermedades, incluso cuando no constituye el motivo principal del tratamiento.
Tradicionalmente, la toxina botulínica ha sido utilizada para tratar diversos trastornos neurológicos, principalmente por su capacidad para disminuir la hiperactividad muscular y modular la liberación de acetilcolina. Sin embargo, en los últimos años se ha observado que sus efectos podrían ir más allá del control de los síntomas motores.
La evidencia emergente sugiere que no solo alivia síntomas en diversos trastornos neurológicos, sino que también puede mejorar de forma significativa las alteraciones del sueño asociadas a estas enfermedades, lo que apunta a un posible doble beneficio terapéutico. Asimismo, algunos estudios preliminares han descrito resultados prometedores en trastornos primarios del sueño, como el síndrome de piernas inquietas, el bruxismo, el insomnio, la apnea obstructiva del sueño y los movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño.
Debido a lo anterior, los autores de la publicación «Botulinum toxin therapy for neurological disorders: Serendipitous benefits on sleep quality and underlying mechanisms» realizaron una revisión sistemática con el objetivo de analizar la evidencia disponible acerca de los efectos de la toxina botulínica sobre la calidad del sueño.
¿Cómo realizaron el estudio?
Los autores llevaron a cabo una revisión sistemática de la literatura siguiendo la metodología PRISMA. Incluyeron únicamente investigaciones en humanos que evaluaran el efecto terapéutico de la toxina botulínica y que reportaran desenlaces relacionados con el sueño mediante herramientas validadas, como el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI), el Insomnia Severity Index (ISI), la Epworth Sleepiness Scale (ESS), diarios de sueño, actigrafía o polisomnografía.
Finalmente, analizaron 50 estudios que incluyeron pacientes con dolor neuropático, migraña crónica, distonía, espasticidad, sialorrea, espasmo hemifacial, trastornos vesicales y trastornos primarios del sueño, como síndrome de piernas inquietas, bruxismo del sueño e insomnio.
Los principales hallazgos
La principal aportación del artículo es demostrar que los beneficios de la toxina botulínica van más allá del control de los síntomas motores, ya que en múltiples enfermedades neurológicas también se observa una mejoría en distintos parámetros del sueño.
En pacientes con dolor neuropático se documentó una reducción de las puntuaciones del PSQI y un incremento en el tiempo total de sueño.
En migraña crónica, aunque los resultados fueron heterogéneos, varios estudios mostraron una menor latencia para conciliar el sueño y una mejor percepción subjetiva del descanso.
En pacientes con distonía se observaron reducciones en los despertares nocturnos, una mejor eficiencia del sueño y cambios favorables en la arquitectura del sueño evaluados mediante polisomnografía.
Asimismo, en personas con espasticidad y sialorrea se describieron disminuciones de la somnolencia diurna, la ansiedad relacionada con el sueño y los síntomas respiratorios nocturnos.
Mecanismos propuestos que subyacen a la mejora del sueño mediada por la toxina botulínica
Los autores señalan que la mejoría del sueño inducida por la toxina botulínica probablemente responde a un mecanismo multifactorial.
Por un lado, la inhibición de la liberación de acetilcolina reduce la hiperactividad muscular y disminuye el dolor, favoreciendo un descanso más reparador.
Además, la toxina inhibe la liberación de neuropéptidos y neurotransmisores implicados en la nocicepción y la neuroinflamación, como el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP), la sustancia P y el glutamato, lo que atenúa la sensibilización periférica y central.
Paralelamente, existe evidencia de que la toxina botulínica modifica el metabolismo de neurotransmisores monoaminérgicos en regiones límbicas, incluyendo serotonina, dopamina y noradrenalina, neurotransmisores fundamentales para la regulación del estado de ánimo y del ciclo sueño-vigilia.
Asimismo, se ha observado un aumento en la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), el cual favorece la neuroplasticidad, disminuye la hiperexcitabilidad neuronal y contribuye a la regulación de circuitos córtico-estriado-tálamo-corticales relacionados con el control emocional.
Implicaciones clínicas y perspectivas futuras
Desde el punto de vista clínico, este trabajo invita a considerar la calidad del sueño como un desenlace relevante cuando se utiliza toxina botulínica en trastornos neurológicos. En muchas ocasiones, la mejoría del descanso nocturno puede traducirse en menor fatiga, mejor estado de ánimo, mayor funcionalidad y una mejor calidad de vida.
Asimismo, abre la posibilidad de investigar si la toxina botulínica podría convertirse en una herramienta terapéutica complementaria para algunos trastornos del sueño, especialmente cuando estos se encuentran asociados a enfermedades neurológicas.
No obstante, los autores enfatizan que la evidencia aún es insuficiente para recomendar su uso con ese objetivo específico y que son necesarios ensayos clínicos aleatorizados de mayor calidad metodológica. Aunque los resultados son prometedores, la evidencia continúa siendo heterogénea y todavía no permite establecer una indicación específica de la toxina botulínica para tratar trastornos del sueño.
Este trabajo representa un punto de partida importante para futuras investigaciones que permitan comprender mejor los mecanismos neurobiológicos implicados y definir qué pacientes podrían obtener el mayor beneficio.
Comentario
Esta revisión resulta especialmente interesante porque recuerda que el sueño no debe analizarse únicamente como un síntoma aislado, sino como un marcador transversal de múltiples enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
En la práctica clínica es frecuente observar que la mejoría del dolor, la ansiedad o los trastornos del movimiento se acompaña de una recuperación del sueño, y este trabajo aporta evidencia que respalda esa relación.
Aunque todavía no existe evidencia suficiente para utilizar la toxina botulínica como tratamiento específico del insomnio, los hallazgos muestran que intervenir sobre la enfermedad de base puede tener un impacto significativo en el descanso nocturno y, por extensión, en la salud mental y la calidad de vida del paciente.
Referencia
Kuang G, Yu Q, Yu D, et al. Botulinum toxin therapy for neurological disorders: Serendipitous benefits on sleep quality and underlying mechanisms. Sleep Medicine Reviews. 2025;84:102181. doi:10.1016/j.smrv.2025.102181.











