Más allá del recuerdo: 5 hallazgos sorprendentes sobre el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C)

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Autoría: Dra. Fernanda Menéndez Manjarrez (Psiquiatra)

El peso invisible de la experiencia prolongada

Vivimos en una sociedad donde el trauma no es una excepción, sino una realidad frecuente. Datos epidemiológicos recientes muestran que el 70.4 % de las personas ha experimentado al menos un evento traumático a lo largo de su vida, mientras que el 30.5 % ha estado expuesto a cuatro o más experiencias traumáticas.

Esta acumulación de adversidades constituye uno de los principales factores de riesgo para desarrollar el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C).

A diferencia del trastorno de estrés postraumático (TEPT), que suele aparecer tras un acontecimiento único, el TEPT-C se desarrolla como consecuencia de experiencias traumáticas repetidas, prolongadas e interpersonales de las que la persona no puede escapar.

Reconocido oficialmente por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), este diagnóstico invita a comprender que el trauma no solo afecta la memoria del evento, sino también la forma en que una persona se percibe a sí misma y se relaciona con los demás.

No es solo un «TEPT más grave»: la anatomía de la autoorganización

Una de las ideas equivocadas más frecuentes es pensar que el TEPT-C representa simplemente una forma más intensa del TEPT.

En realidad, además de los síntomas clásicos —como la reexperimentación del trauma y la evitación—, incorpora un conjunto de alteraciones denominado Perturbaciones en la Autoorganización (DSO, por sus siglas en inglés).

Estas alteraciones incluyen tres dimensiones fundamentales:

  • Autoconcepto negativo: sensación persistente de ser una persona defectuosa, indigna o irremediablemente «rota».
  • Dificultades en las relaciones interpersonales: incapacidad para establecer vínculos cercanos o tendencia al aislamiento por percibir a los demás como una amenaza.
  • Desregulación afectiva: oscilaciones entre estados de hiperactivación emocional (ira intensa, ansiedad o pánico) y estados de hipoactivación, caracterizados por desconexión emocional o sensación de vacío.

Esta diferencia tiene implicaciones clínicas importantes: el tratamiento no debe centrarse únicamente en procesar recuerdos traumáticos, sino también en reconstruir la identidad y la capacidad de regulación emocional.

«El TEPT-C comprende perturbaciones en la autoorganización… que incluyen un autoconcepto negativo, alteraciones en las relaciones y desregulación afectiva, abarcando tanto la hiperactivación como la hipoactivación afectiva.»

La cifra global: del sobreviviente a la población general

Un metaanálisis que integró información de más de 138 000 participantes permitió estimar la frecuencia del TEPT-C en distintos grupos poblacionales.

En la población general con posible exposición al trauma, la prevalencia estimada fue de 6.2 %.

Sin embargo, cuando se analizó exclusivamente a personas con exposición traumática confirmada, la prevalencia aumentó hasta 24.9 %, lo que significa que aproximadamente una de cada cuatro personas sobrevivientes de trauma desarrolla TEPT-C.

Estos datos muestran que la forma compleja del trastorno no constituye una excepción, sino una respuesta relativamente frecuente frente a experiencias traumáticas prolongadas.

El enigma de los servicios de emergencia y el ejército

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio aparece al comparar diferentes ocupaciones de alto riesgo.

Mientras que el personal militar presentó una prevalencia de 36.4 %, los profesionales de servicios de emergencia —como policías, bomberos y paramédicos— mostraron una prevalencia cercana al 7.4 %.

Esta diferencia parece estar relacionada con diversos factores protectores.

En el ámbito militar, el daño moral y la pérdida de control durante situaciones extremas favorecen el desarrollo del TEPT-C.

Por el contrario, muchos cuerpos de emergencia cuentan con procesos de selección, protocolos de apoyo psicológico y estrategias de descarga emocional que pueden reducir el impacto acumulado del trauma.

«Los hallazgos sugieren que los sistemas de apoyo o los procesos de selección inherentes a los servicios de emergencia pueden reducir el riesgo de TEPT-C.»

El mito del género: rompiendo prejuicios sobre el riesgo

Durante muchos años se asumió que los trastornos relacionados con el trauma afectaban principalmente a las mujeres. Sin embargo, la evidencia sobre el TEPT-C muestra un panorama más complejo.

En términos generales, hombres y mujeres presentan una prevalencia similar de TEPT-C.

No obstante, cuando se analiza la población general, las mujeres tienen aproximadamente 1.6 veces más probabilidades de recibir este diagnóstico.

Lo interesante es que esta diferencia desaparece cuando se estudian únicamente personas con trauma confirmado.

Esto sugiere que el mayor riesgo observado en mujeres no responde necesariamente a una mayor vulnerabilidad biológica, sino al tipo de experiencias traumáticas a las que suelen estar más expuestas, especialmente aquellas relacionadas con violencia interpersonal y abuso sexual. Asimismo, las dificultades que muchos hombres presentan para comunicar o buscar ayuda tras un trauma también pueden influir en estas diferencias.

La realidad en la clínica: un diagnóstico que permanece oculto

Uno de los hallazgos más relevantes para la práctica clínica es que el 66.8 % de las personas diagnosticadas con TEPT cumplen realmente los criterios para TEPT-C.

Este dato sugiere que, en muchos casos, la forma compleja del trastorno pasa inadvertida.

En consecuencia, numerosos pacientes reciben tratamiento para síntomas aislados, como ansiedad, depresión o insomnio, sin abordar las alteraciones profundas en la identidad, la regulación emocional y las relaciones interpersonales que caracterizan al TEPT-C.

Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de replantear la evaluación clínica del trauma y desarrollar estrategias terapéuticas que contemplen toda la complejidad del trastorno.

Hacia una mirada más profunda del trauma

El reconocimiento del TEPT-C representa mucho más que la incorporación de un nuevo diagnóstico. Supone un cambio en la forma de comprender las consecuencias del trauma prolongado.

Hoy sabemos que el impacto de estas experiencias no se limita al recuerdo del acontecimiento, sino que puede modificar profundamente la manera en que una persona se percibe a sí misma, regula sus emociones y establece vínculos con los demás.

Avanzar hacia una atención verdaderamente centrada en el paciente implica dejar de enfocarse exclusivamente en eliminar síntomas y comenzar a promover la reconstrucción de la identidad, la seguridad emocional y la capacidad para relacionarse nuevamente con el entorno.

Después de conocer estos hallazgos, surge una pregunta inevitable:

¿Cómo cambiaría la atención en salud mental si, además de ayudar a procesar los recuerdos traumáticos, se priorizara también la reconstrucción de la identidad y de la capacidad de conexión con los demás?

Referencia

Huynh, P. A., Kindred, R., Perrins, K., de Boer, K., Miles, S., Bates, G., et al. (2025). Prevalence of Complex Post-Traumatic Stress Disorder (CPTSD): A systematic review and meta-analysis. Psychiatry Research, 351, 116586. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2025.116586

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